Legado Fraternal

[participacion para “entre bardos y goblins”; Autor: Kairon T.]

 

Primero y antes que cualquier otra cosa se encontraba el frío, penetrante, igualador, húmedo y blanco.

De entre la oscuridad de la tierra surgieron tres figuras, tres hermanos que buscaban la paz que los hombres y sus guerras no podían darles. Buscaban la redención.

Enfrentaban el hielo, la nieve y la oscuridad con la paciencia de quien disfruta la soledad y la compañía de su sangre. La caza era poca, pero muchos los momentos de paz.

Y así sucedió que en el segundo año de su exilio le sobrevino al menor, al benjamín, la fiebre de la carne. Sufrió sus embates en silencio en la tercera noche, en las tierras yermas, en las tierras de la noche de seis meses. Así, los sueños se convertían en pesadillas que duraban lo que la eternidad de la noche, manos invisibles lo jalaban hacia lo más profundo del hielo, voces tiernas y perversas le murmuraban al oído deseo y placer más allá de los límites del campamento fraternal; si solo se deshiciera de ellos y las siguiera.

El amor fraterno salvo a Mikhail, pues este era el nombre del más joven, de hacer demasiado caso a las voces y cuando por fin el día llegó, las voces y las manos desaparecieron. El día inacabable le dio la paz y le devolvió a su cara la alegría de siempre, y su voz entono canciones como siempre lo había hecho. Pero ya nada era igual.

Los viejos espíritus que siempre habían rodeado a los hermanos se habían ido. Gora, el mayor, el taciturno y sombrío no podía escucharlos más y cuando volteaba a ver a su pequeño hermano sabía que algo en él las había alejado y por primer vez desde que salieron de su aldea, de los territorios de las tribus al sur, sintió odio hacia él.

Sucedió entonces que los recuerdos lo embargaron con la fuerza del pasado que no pudo ser, para enseñarle como él estaba destinado a ser un hombre santo y a que la gente de la aldea y de otras tribus lo siguieran y escucharan y como todo eso había sido esparcido en el olvido como la nieve a través de la planicie.

Los animales también se habían alejado. Cada día resultaba más difícil cazar para comer y guardar para la larga noche que se avecinaba. Marco, el fuerte y ágil hermano del medio que parecía un oso por su estatura y vello se alejaba más y más al poner las trampas y cada vez menos animales caían en ellas pero el seguía alejándose pues le dolía en el corazón ver a sus hermanos así, apartados, cuando siempre habían sido tan unidos y pasaba el tiempo alejado de ellos con el viento y el sol como únicos compañeros.

Entonces el día llego a su fin y en esa primer noche llegó La Desesperanza. Gora y Mikhail chocaron palabras como si fueran espadas mientras Marco les suplicaba que se calmaran y recordaran que estaban ahí los tres juntos y que así debían continuar, que era la única forma de sobrevivir.

Los hermanos se fueron a dormir y cuando despertaron Goran y Marco se encontraron con que Mikhail ya no estaba entre ellos, que sus pertenencias se encontraban ahí, su flauta y sus dibujos pero el ya no estaba con ellos.

Cuando semanas después lo encontraron a la boca de una cueva muy al norte su cuerpo frío parecía dormir aunque tenía la dureza del hielo. Lo envolvieron en mantas y comenzaron su viaje hacia el sur. Su hermano ya no era una amenaza para nadie muerto y los ritos funerarios debían practicarse para facilitar su llegada a las Grandes Planicies.

Así pasaron semanas caminando en la oscuridad dándose solo el mas mínimo descanso para seguir con su peregrinación hacia la tierra de sus padres pero se había adentrado mucho al norte y las tierras en penumbras cubrían todo sin darles oportunidad de reconocer el camino que llevaban recorrido, pero dirigiéndose siempre hacia el sur.

Entre tanto he aquí que las voces de los espíritus que antes permanecían calladas ahora resonaban en la cabeza de Goran advirtiéndole de no acercarse a la civilización, exigiéndole que dejara a su hermano en medio del frio y que lo enterrara profundamente, mas Goran las mandaba callar con lagrimas en los ojos y con gran pesar en su corazón pues sus últimas palabras habían sido pronunciadas en enojo.

Después de un mes de caminar sin descanso se encontraron sin alimento alguno ni animales a los que cazar. Tan solo su amor los impulsaba. La fogata hecha de los últimos trozos de ramas que les quedaban era vacilante y no les proporcionaba calor alguno y cayeron dormidos con su hermano muerto entre ellos.

Entonces fue que entre sueños Goran comenzó a oír una voz familiar que le decía:

Yo también caí dormido así,- la voz comenzó a decir- una vez, cuando huía de mi destino y del daño que les había hecho a mis hermanos. Esa primer noche las voces volvieron y yo las seguí, las seguí sin dormir y sin pensar, sin volver la vista atrás”.

Mis hermanos habían desaparecido de mis pensamientos mientras las voces se hacían una sola que me ordenaba avanzar; una voz de mujer, más dulce que ninguna que antes hubiera oído. Avancé hasta la cueva de donde provenía la voz. Al entrar en ella la voz tomó forma ante mí; forma de mujer.

Se hizo sólida y brillante como el hielo. Sólida, brillante y negra. Esa mujer oscura se acerco a mí, extendió los brazos y me rodeó. Comencé a llorar y sin dejar de hacerlo, le recé; “Tu me hiciste venir aquí en medio del frio y la desolación, yo seguí tu voz como quien sigue al sol y me encontré con tu preciosa oscuridad. Tú me prometiste cálido placer en sueños y ahora me cubres de frías caricias que me hacen temblar. Yo soy joven y tu eres antigua como la noche de la que estas hecha. Yo solo soy el menor de mis hermanos. ¡Diosa!, ¡Madre! ¡Dime tu nombre para poder traerlos conmigo a adorarte! ¡Déjame ser quien te adore y traerlos a ti para que seamos hermanos también en esta comunión!”

Agrado esto a mi señora y me dijo: “Porque has demandado esto y no pediste solo para ti, mis dones serán repartidos entre los que de aquí en delante serán conocidos como Los Tres Hermanos. Yo estaba sola en lo más profundo de la tierra; sin forma, sin conciencia de mi misma hasta que tu corazón y tus pensamientos tocaron mi esencia y le dieron forma. Yo llegué de allende las estrellas, caí antes de que la tierra dejara de humear, cuando todo era solo fuego y ceniza. Yo dormía durante todo este tiempo; fueron tu vida y tus pensamientos los que me alcanzaron, ahora soy Diosa entre tus brazos, pero haré más aún”.

Me abrazó, (nos abrazamos) fuertemente, con su cabeza recostada en mi hombro y la mía en el suyo y nos besamos el cuello profundamente bebiéndonos la vida uno al otro. Ella bebió mi sangre y yo consumí su oscuridad. Cuando terminamos ya no había más Diosa ni Mikhail, solo estaba YO, tirado en el suelo, muriendo, recordando a mis hermanos y sabiendo que me encontrarían.

Pasó poco tiempo hasta que llegaron ustedes, mis hermanos, pero tenía que estar seguro de que merecían la bendición que Mi Señora destinó para nosotros. Pude ver en sus mentes durante todo este tiempo sus íntimos deseos, sus oscuros sueños; sentido su remordimiento y escuchado sus plegarias. Los amo más de lo que antes los amé por ellas pero también descubrí en mí, algo que ni Mi Señora ni yo podíamos saber, la sed por la vida que corre por sus venas, el hipnótico ritmo de la sangre al bombearse.

“Despierta Goran y mira a tu hermano que te habla.”

Entonces fue que Goran, el sombrío hermano mayor, abrió los ojos y vio a su hermano vivo y sonriente, pero el color de sus ojos había cambiado: ahora era de un negro imposiblemente intenso, casi brillante, que contrataba con el color claro des cuando cazaba junto con ellos, sentado de espaldas a la fogata que se hallaba extinta ya.

Con gran calma los dos hermanos se incorporaron hasta quedar frente a frente, en medio del clamor de los espíritus que le avisaban al hermano mayor que huyera, que lo que su había sido su hermano ya no era, su lugar lo ocupaba otro ser. Goran los ignoro y abrazó a Mikhail, su hermano sabiendo que nadie se le podría resistir a esa voz, o a esos ojos y menos aun él que lo amaba. Mikhail tomó el brazo de su hermano y le ofreció el suyo propio con la palma hacia arriba.

Donde antes éramos dos, ahora será uno solo” dijo Mikhail al tiempo de morder la muñeca de su hermano y poner la suya propia en la boca de Goran. La sangre comenzó a abandonar el cuerpo de Goran en grandes oleadas pero en su boca sentía un poder oscuro y dulce que succionaba con fruición, con desenfreno y mientras tanto imágenes de su vida iban pasando; supo que nunca mas oiría a los espíritus pues La Diosa que ahora lo habitaba era mucho más poderosa y antigua que ningún otro espiritú. Sintió como la sangre misma tenia secretos y poderes mas allá de los que había soñado en tener como hombre santo y gimió de placer al saborear al poder y la sangre de su hermano.

Así fue como Marco despertó para encontrar la imagen de sus hermanos lado a lado con la muñeca derecha de uno en la boca del otro, la impresión de ver a su difunto hermano lo hizo gritar con todas sus fuerzas y tratar de quitar de encima a Mikhail de Goran.

Mikhail sujeto la mano de Marco, grande como garra de oso y que en otro tiempo lo hubiera destrozado, con la misma facilidad que a la de un bebé: guiándola hacia la boca de Goran, mientras Goran empujaba su muñeca sangrante entre sus labios.

Un velo rojo cubrió los ojos de Marco: sintió la furia de haber sido obligado a beber la sangre de su hermano y el dolor de la mordida en la muñeca. Trató de zafarse ignorando el dulce poder que comenzaba a llenarlo, sus sentidos registraban todo y a lo lejos oyó los pasos de lobos que acechaban a un alce pastando, sabía que era una hembra por el olor que le llegaba con el viento.

Así continuo la cadena entre los hermanos hasta que los primeros rayos del sol comenzaron a sentirse en la planicie. La temporada de oscuridad estaba por terminar.

El sol los hirió en lo más profundo haciéndolos huir instintivamente de él; La Diosa había sido oscuridad pura, por siempre en lo más profundo de la tierra sin nunca ver el sol. Se enterraron en lo más profundo del permafrost, cavando un solo agujero donde permanecieron abrazados. Seis meses después salían de entre la nieve juntos, llamados por la noche, hambrientos y decididos; caminando hacia el sur sin decir ni tan siquiera una palabra entre ellos hasta que una luz a lo lejos y el olor a sal y aceite en el ambiente, probablemente un campamento ballenero, llamo la atención de Marco.

Los Hermanos avanzaron hacia el campamento siendo cada uno un depredador diferente: Marco feroz y fuerte, Mikhail seductor y bello, y Goran sabio y poderoso.

Ellos siempre habían buscado la paz y la redención pero ahora los colmillos y las gargantas reclamaban sangre para saciarse. La paz tendría que esperar. El tiempo de los cazadores de sangre, de los demonios de la noche estaba a la mano.

Los Hermanos cazaban juntos de nuevo.

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